Sin embargo nuestra vecina llegó el otro día con una caja llena de fresas, entre ellas unas de formas increibles. La naturaleza aveces nos muestra cosas que pasamos sin prestar atención.
Ya que las fresas no estaban en su punto ideal de maduréz, las marinamos con un poco de azúcar a la vainilla y asunto resuelto. En el restaurant las servimos con una panacotta de queso de cabra, reducción de balsámico, micro albahaca y avellanas tostadas. Refrescante, buen contraste de sabor y una opción diferente para tratar las fresas fuera del contexto de la repostería.
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